Billeteras móviles y otros servicios de pago: brechas regionales y su adopción en Colombia

Comunicaciones CF
Constanza Martínez-Ventura y Ligia Alba Melo-Becerra (Banco de la República) January 8, 2026 | Lectura de 5 minutos

El documento Billeteras móviles y otros servicios de pago: brechas regionales y su adopción en Colombia, elaborado por investigadoras del Banco de la República, parte de una premisa clave: la adopción de pagos digitales no depende únicamente de la disponibilidad tecnológica, sino de un conjunto de condiciones habilitantes que varían de manera significativa entre territorios y usuarios. Para analizar este fenómeno, el estudio combina dos lentes: econometría espacial para capturar la heterogeneidad entre departamentos y modelos de Machine Learning para entender patrones de adopción a nivel de usuario.

Aunque la digitalización avanza, el efectivo sigue ocupando un lugar central en la vida cotidiana. En el valor de las compras mensuales habituales, su participación pasó de 87,4% en 2019 a 78,6% en 2023, mientras que las transferencias electrónicas (incluidas las billeteras) crecieron de 3,2% a 14,4% en el mismo periodo. Por su parte, el uso de tarjeta débito se mantuvo en niveles relativamente bajos: 5,9% en 2023. El contraste entre estas tendencias muestra que hay avances, pero también que el cambio de hábitos no ocurre de forma automática: depende del tipo de instrumento, del contexto y de las barreras que enfrenta cada usuario.

Desde el enfoque territorial, el estudio evidencia que los departamentos no enfrentan el proceso de adopción en igualdad de condiciones. Ante la falta de datos transaccionales departamentales, el análisis usa cuentas de ahorro y depósitos electrónicos como proxies de adopción, encontrando promedios cercanos a 42,1% y 38,2%, respectivamente, durante 2020–2023. Más allá del promedio, el hallazgo estratégico es que existen spillovers: mejoras en conectividad y capacidades en un territorio pueden impulsar la adopción en regiones con las que tiene vínculos económicos y financieros. En este contexto, dos condiciones habilitantes marcan la diferencia: conectividad y educación media, ambas asociadas con aumentos en la adopción (con efectos tanto locales como entre territorios), especialmente en depósitos electrónicos.

A nivel individual, el documento revela una brecha crítica entre acceso y uso. Aunque 41,9% de la población adulta tenía billeteras móviles en 2022 (más de 15,1 millones de personas), su utilización en pagos cotidianos sigue siendo limitada: mercado (1,39%) y transporte (0,84%) son ejemplos de lo difícil que es convertir tenencia en hábito. Esto sugiere que las fricciones asociadas a la experiencia de usuario, los hábitos, la aceptación y la confianza continúan pesando sobre la adopción efectiva. En paralelo, el estudio reconoce patrones de multi-homing (usuarios que combinan diversos instrumentos), lo que refuerza que la adopción no es “sustitución” automática, sino convivencia de métodos.

Ahora bien, el estudio también resalta que el componente de confianza no es abstracto: la seguridad digital se vuelve un condicionante real de escalamiento. Dentro de las principales barreras para consolidar esa confianza se encuentra el phishing, el cual se consolidó como el ciberdelito más reportado ante la Policía Nacional, llegando a 80,1% de los incidentes en 2023 (6.804 casos), un salto enorme frente a años anteriores. En un entorno así, la percepción de riesgo puede frenar el paso de “tener” a “usar”.

En conjunto, el estudio concluye que la adopción de pagos digitales no se define únicamente por la expansión de productos, sino por la articulación de un conjunto de habilitadores: conectividad, capacidades educativas, reducción de fricciones y fortalecimiento de la confianza y la seguridad. Sin estos elementos, la digitalización puede avanzar, pero lo hará a distintas velocidades, con el riesgo de profundizar las brechas territoriales y sociales que precisamente busca cerrar.

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