Regular la innovación financiera: ¿Qué se necesita para transformar el sistema?

Comunicaciones CF
Ivo Jeník, Denise Dias, Mehmet Kerse y Stefan Staschen (CGAP) January 16, 2026 | Lectura de 5 minutos

El panorama financiero global enfrenta un desafío crítico: a pesar de la acelerada digitalización, 1.300 millones de adultos permanecen excluidos del sistema formal. El documento Regulating Financial Innovation: What Does It Take?, publicado por CGAP, propone que cerrar esta brecha no depende únicamente de la tecnología, sino de un cambio de paradigma hacia la Regulación Guiada por la Visión. Este enfoque sugiere que el regulador debe abandonar su postura reactiva de “esperar y ver”, para convertirse en un arquitecto activo que dirija el mercado hacia la inclusión, la competencia y la estabilidad.

Para lograr esta transformación, el análisis identifica cinco pilares fundamentales que refuerzan la capacidad regulatoria:

  • Visión Estratégica: Debe ser ambiciosa pero realista, sirviendo como una brújula para priorizar recursos y alinear a los actores públicos y privados.
  • Tono en la Cúpula: El compromiso real viene de los altos ejecutivos; sin su respaldo, cualquier iniciativa de innovación corre el riesgo de ser superficial o perder legitimidad.
  • Cultura de Innovación: Implica fomentar la experimentación, la agilidad y la capacidad de aprender de los errores, integrando perfiles diversos (científicos de datos, expertos en IA y blockchain) en toda la jerarquía.
  • Compromiso con la Industria: Canales de diálogo frecuentes y equitativos que permitan al regulador entender la tecnología subyacente y a las empresas tener claridad sobre las reglas del juego.
  • Mandato Evolutivo: Interpretar las leyes de estabilidad y eficiencia de forma amplia para incluir objetivos de competencia y desarrollo de mercados.

La efectividad de este modelo se fundamenta en la capacidad institucional para gestionar el riesgo sin asfixiar la creatividad, lo que requiere una transformación profunda del capital humano. El análisis destaca que la innovación demanda perfiles técnicos de vanguardia. Por ejemplo, la Autoridad Monetaria de Singapur ha reorientado su contratación estratégica, donde el 17% de sus vacantes recientes se centran en ciberseguridad, el 14,7% en Fintech y un 12,4% en análisis de datos. Esta sofisticación permite al regulador entender herramientas como la IA y el blockchain antes de emitir normas, fomentando una cultura donde el aprendizaje a través del error controlado fortalece la evaluación de riesgos.

Los casos de éxito presentados demuestran que esta visión debe traducirse en hojas de ruta vinculantes y transparentes. Es de esta manera que Brasil consolidó su liderazgo tras implementar la Agenda BC#, un plan que promovió la competencia masiva mediante Pix (su sistema de pagos inmediatos) y un esquema de finanzas abiertas efectivo. A su vez, Ghana transformó su mercado al crear una oficina de innovación que creció de 5 a 46 empleados, permitiendo que emisores de dinero electrónico no bancarios lideraran la oferta de servicios financieros. Estos ejemplos prueban que, con la voluntad política adecuada, es posible romper la inercia de los modelos tradicionales centrados exclusivamente en la banca.

Finalmente, el documento advierte que incluso la visión más robusta puede naufragar si carece de continuidad ante cambios políticos o si se pierde en la “trampa de la complejidad”, donde normas excesivamente sofisticadas terminan favoreciendo a los grandes actores tradicionales y excluyendo a las pequeñas fintechs. Así, la regulación del siglo XXI no debe ser un árbitro neutral, sino el motor de un ecosistema que valore tanto la seguridad del sistema como la urgencia del progreso social. El éxito de esta transformación financiera depende, en última instancia, de rechazar la falsa elección entre protección al consumidor e innovación, construyendo en su lugar un entorno donde el acceso equitativo sea el principal indicador de estabilidad y eficiencia.

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