Entre marzo y septiembre de 2025, los mercados financieros globales dieron señales de recuperación, apalancadas por la valorización de activos y un debilitamiento del dólar que relajó las condiciones financieras internacionales. Aun así, el Banco de la República, en el Reporte de Estabilidad Financiera 2025-II, subraya que el entorno sigue dominado por una incertidumbre elevada: el mayor endeudamiento global, los efectos de la política comercial de Estados Unidos y la persistencia de conflictos geopolíticos mantienen latente el riesgo de desvalorizaciones y episodios de volatilidad más intensa.
En Colombia, el reporte describe una economía que continúa acelerándose, impulsada por la demanda interna: el consumo de los hogares creció 3,9% en 2025 y la inversión se recuperó parcialmente con un avance de 5,6%, ambos aspectos apoyados en la resiliencia del mercado laboral, una mayor oferta de crédito y el crecimiento histórico de las remesas. Sin embargo, el balance de riesgos sigue condicionado por dos vulnerabilidades persistentes: el frente fiscal (con dinámicas de financiamiento más exigentes) y una inflación que se ha mostrado particularmente rígida, ubicándose en 5,5% en octubre de 2025, por encima de la meta del 3,0% (con proyección de cierre en 5,1% en 2025 y convergencia hacia 3,6% en 2026).
En este contexto, los establecimientos de crédito aparecen como un ancla de estabilidad. Se destaca que los indicadores de capital y liquidez se mantuvieron por encima de los mínimos regulatorios, mientras la cartera se recuperó de forma generalizada, con menor morosidad, y la rentabilidad siguió mejorando gradualmente. No obstante, el reporte advierte que, aunque la resiliencia del sistema es alta, un cambio abrupto en las condiciones financieras externas (en un entorno de incertidumbre global y retos fiscales locales) podría afectar la tendencia de recuperación y el crecimiento del crédito. Por ello, el informe insiste en monitorear con particular atención la creciente exposición del sistema a la deuda pública.
Frente a los hogares, el documento plantea una recuperación del endeudamiento consistente con una mayor demanda y menores exigencias en el otorgamiento de nuevos créditos (especialmente en segmentos como libre inversión y tarjetas). No obstante, la lectura central de esta tendencia es diferente en lo relativo al dinamismo del consumo. En este caso, el Banco de la República considera que esta trayectoria sugiere un desapalancamiento potencial: a agosto de 2025, el endeudamiento agregado creció 1,0% real anual y, como proporción del ingreso disponible, mantiene una tendencia decreciente.
El principal “nudo” macrofinanciero está en el vínculo soberano–financiero. El Gobierno ha intensificado las colocaciones de deuda (el reporte menciona COP 696,7 billones a octubre de 2025, +21,6% interanual) y ha implementado estrategias de manejo que, si bien alivian presiones de corto plazo, también elevan riesgos de refinanciación y cambiarios. En paralelo, las mayores emisiones de TES han sido absorbidas principalmente por entidades financieras locales (mientras los inversionistas extranjeros han tendido a vender), aumentando la sensibilidad del sistema al riesgo de mercado en un momento de desafíos fiscales. Así, el propio reporte enfatiza que la mayor exposición a la deuda pública vuelve al sistema más vulnerable a movimientos adversos en ese mercado.
A nivel micro, el estudio reporta deterioros puntuales en la calidad crediticia de empresas medianas y grandes (con aumentos en cartera vencida), y señala que el comportamiento sectorial no es homogéneo, destacándose vulnerabilidades en actividades como comercio e inmobiliario. Aun así, los ejercicios de estrés concluyen que, en el agregado, los establecimientos de crédito cuentan con capacidad patrimonial suficiente para absorber pérdidas bajo escenarios hipotéticos adversos, extremos y de baja probabilidad. Esto ocurre precisamente por los amplios niveles de capital y liquidez que hoy sostienen la resiliencia del sistema.
Adicionalmente, el REF 2025-II subraya que la expansión de los activos digitales puede introducir riesgos con implicaciones sistémicas. En este informe se advierte que, si las stablecoins (en especial las referenciadas al dólar) se consolidan como medio de pago y reserva de valor, podrían incentivar procesos de “criptoización”, debilitando la transmisión de la política monetaria y compitiendo con los depósitos bancarios como vehículo de ahorro. Esa sustitución no es menor: al presionar la base de depósitos, podría afectar el fondeo de los establecimientos de crédito y, por extensión, la oferta de crédito. Además, el documento resalta que estos instrumentos pueden facilitar movimientos de capital por canales no regulados y elevar riesgos asociados a usos ilícitos, reforzando la necesidad de marcos de supervisión y gestión de riesgos acordes con su creciente adopción.
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