Pensiones inclusivas para un mundo que envejece: evidencia y estrategias para involucrar a los trabajadores informales

Comunicaciones CF
Clément Joubert, Jessica Meckler, Simrin Makhija y Lili Vessereau - CGAP February 13, 2026 | Lectura de 5 minutos

El CGAP, en su working paper Inclusive Pensions for an Aging World, indica que el panorama demográfico global se enfrenta a una crisis inminente donde los países de ingresos bajos y medios corren el riesgo de envejecer antes de alcanzar la riqueza económica necesaria para sostener a su población mayor. Según proyecciones de las Naciones Unidas, para el año 2080 los adultos de 65 años o más sumarán 2,200 millones de personas, superando en número a los menores de 18 años. Esta transición se ve agravada por una brecha financiera masiva, ya que el déficit de ahorro para la jubilación se estima que alcanzará los 400 billones de dólares para el año 2050. Actualmente, la falta de mecanismos adecuados se refleja en que solo el 18% de los adultos en economías en desarrollo ahorra para la vejez, porcentaje que se reduce a apenas un 5% en las naciones de menores ingresos.

La exclusión, a su vez, afecta de manera desproporcionada a las mujeres, quienes tienen más probabilidades de trabajar en la informalidad, percibir salarios más bajos y enfrentar interrupciones laborales por tareas de cuidado. A nivel mundial, se estima que 6 de cada 10 personas cubiertas por pensiones obligatorias son hombres, y las mujeres que logran recibir una pensión perciben entre un 25% y un 30% menos que sus pares masculinos. Ante este escenario, captar al “eslabón perdido”, es decir, a los trabajadores informales no pobres pero vulnerables, es vital para la sostenibilidad fiscal, ya que la dependencia de pensiones no contributivas financiadas por el Estado puede agotar los presupuestos nacionales en contextos de alta deuda y bajo crecimiento.

Las experiencias internacionales muestran resultados mixtos dependiendo de la arquitectura del sistema y los incentivos ofrecidos. Por ejemplo, el programa Haba Haba en Kenia, diseñado bajo un modelo de contribución definida sin subsidios estatales, ha logrado captar solo al 3% del sector informal y enfrenta una tasa de inactividad de cuentas del 81%. En contraste, el sistema Ejo Heza en Ruanda ha alcanzado una cobertura histórica del 79% de la población ocupada (3.8 millones de personas) al integrar incentivos basados en categorías de pobreza, ofreciendo aportes estatales de hasta 18,000 RWF anuales para los más vulnerables. Por su parte, India ha logrado masificar su esquema Atal Pension Yojana, superando los 80 millones de suscriptores en 2025 mediante la oferta de beneficios garantizados y una relación clara entre contribución y pago.

El éxito de la escala depende no solo del diseño del producto, sino también de la eficiencia operativa y el uso de tecnologías digitales para reducir los costos de administración. El informe destaca que el uso de agregadores locales, como cooperativas (responsables del 60% de los registros en Ruanda) o plataformas de la gig economy (economía de plataformas digitales para trabajos por encargo, como apps de reparto o transporte), es fundamental para generar confianza y facilitar la recolección automática de fondos. La integración de pensiones con seguros de salud o créditos a corto plazo se presenta como una estrategia prometedora, aunque aún poco probada, para incentivar el ahorro en poblaciones que priorizan la liquidez inmediata para enfrentar choques económicos.

Finalmente, los autores concluyen que la expansión de la cobertura debe ir de la mano con la estabilidad macroeconómica y reformas paramétricas que aseguren la solvencia a largo plazo de los sistemas públicos. Por ello, se requiere un enfoque integral que combine recordatorios personalizados con incentivos económicos bien calibrados —como los mensajes de texto probados en Colombia, donde un experimento masivo con 390,000 personas demostró que establecer recordatorios con metas de ahorro específicas resultó altamente efectivo para incrementar la frecuencia y el monto de los aportes de los usuarios— y una infraestructura física y digital robusta que simplifique la experiencia del usuario. Solo mediante la experimentación rigurosa se podrá transformar la longevidad en una oportunidad de bienestar y no en una carga fiscal insostenible.

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