Tokenised Money: Use Cases, Interoperability and Regulation

Comunicaciones CF
CCAF February 20, 2026 | Lectura de 5 minutos

El CCAF, en su reporte Tokenised Money: Use Cases, Interoperability and Regulation, indica que tras una década desde el lanzamiento de las primeras stablecoins, el dinero tokenizado ha transitado de una fase de innovación a una de difusión masiva en el sistema financiero global. Actualmente, el ecosistema se compone de una diversidad de instrumentos que van desde las stablecoins respaldadas por fiat (con más de 250 mil millones de dólares en circulación) hasta depósitos tokenizados y fondos de mercado monetario (MMF) tokenizados. Este avance se refleja en volúmenes de transacciones que en 2024 alcanzaron hasta los 30 billones de dólares, superando la actividad combinada de Visa y Mastercard.

Esta explosión en el volumen y la creciente diversidad de instrumentos han generado una fragmentación terminológica que, según el informe, crea una ambigüedad conceptual capaz de frenar el análisis de riesgos y la supervisión efectiva. Para abordar la ambigüedad conceptual en el sector, el estudio propone una taxonomía de dos capas basada en cuatro dimensiones críticas: la naturaleza del reclamo, el respaldo, la forma y las condiciones de acceso. Esta estructura permite diferenciar, por ejemplo, entre los depósitos tokenizados de la banca comercial (que procesan más de 2,000 millones de dólares diarios en plataformas como Kinexys de J.P. Morgan) y las stablecoins minoristas que operan en blockchains públicas. El informe destaca que mientras los bancos priorizan el control institucional y la privacidad, los actores cripto-nativos impulsan la programabilidad y los efectos de red globales, generando una convergencia necesaria pero compleja entre ambos mundos.

Más allá de la clasificación, en lo que respecta a los casos de uso, los pagos transfronterizos y la liquidación en tiempo real emergen como la aplicación inmediata más convincente, eliminando las fricciones de la banca corresponsal tradicional y permitiendo una operatividad de 24/7. El reporte identifica que en corredores hacia economías emergentes, estas tecnologías pueden reducir los tiempos de transferencia de días a apenas cinco segundos. Paralelamente, la gestión de tesorería institucional está demandando la integración de activos tokenizados que permitan el “intercambio dinámico” entre dinero en efectivo y fondos que generen rendimientos, lo que ha impulsado a gigantes como BlackRock y Franklin Templeton a tokenizar fondos del mercado monetario que ya suman 9,000 millones de dólares.

El éxito de este sistema depende de que las diferentes redes tecnológicas puedan conectarse entre sí y de que se logren acuerdos sobre sus reglas de uso. Iniciativas como el Proyecto Agorá (liderado por el BIS) y la red Partior están probando registros digitales compartidos que unen el dinero de los bancos comerciales con el de los bancos centrales para asegurar que el dinero valga lo mismo en todas partes y que los pagos tengan plena validez legal. Sin embargo, para que su uso sea masivo, aún existen retos en la privacidad y en el cumplimiento de las leyes contra el lavado de activos. Para ello se están probando tecnologías de privacidad que permiten validar operaciones sin exponer la información personal de los usuarios.

Finalmente, los autores concluyen que el panorama regulatorio está acelerando su ritmo tras la aprobación de la Ley GENIUS de 2025 en Estados Unidos, que establece un marco federal para stablecoins de pago y busca promover el papel internacional del dólar digital. Esta legislación, junto con el reglamento MiCA en la Unión Europea y las posturas pro-innovación de Singapur y Hong Kong, está forzando a otras jurisdicciones a reaccionar ante los riesgos de sustitución monetaria. El futuro del dinero tokenizado no será una progresión lineal, sino un proceso disputado donde la programabilidad (el paso del registro ex-post a la ejecución ex-ante) transformará radicalmente la arquitectura financiera global.

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