El working paper Blockchain Technology for Traditional Finance plantea que el aporte más relevante de la tecnología blockchain para las finanzas tradicionales radica menos en su modelo de confianza “permissionless” (esquema bajo el cual una red valida y ejecuta transacciones sin depender de una autoridad central) y más en su capacidad como infraestructura de datos: una base de datos distribuida, programable y con reglas claras sobre quién puede registrar, validar y ejecutar transacciones. Bajo esta visión, el mayor valor surgiría cuando esta tecnología se combine con fuentes tradicionales de confianza como el Estado de derecho, la reputación, las relaciones contractuales y el colateral.
A partir de esa distinción, los autores se concentran en los intermediarios cuya función principal no es asumir riesgo, sino registrar, verificar, compensar y ejecutar operaciones. El argumento es que allí una mejor arquitectura tecnológica sí puede generar eficiencias concretas, especialmente en un sistema financiero que aún depende de procesos complejos, fragmentados y costosos pese a manejar volúmenes transaccionales enormes.
Sobre las transacciones que ya existen, los autores identifican tres canales de ganancia.
- Reducción de costos reales de operación: En funciones de back office, conciliación, tesorería y cumplimiento este cambio es drástico: Su estimación conservadora es que una mejor infraestructura podría sustituir alrededor de 100.000 posiciones ligadas al recordkeeping, lo que equivaldría a 10.000 millones de dólares anuales.
- Mejora en eficiencia de balance: al reducirse los tiempos de liquidación, también disminuye el capital que las entidades deben inmovilizar en este proceso: bajo sus supuestos, este ahorro estaría entre los 7.500 y 15.000 millones de dólares anuales.
- Reducción de rentas de intermediación: si una parte relevante del costo histórico de las finanzas proviene del registro y la infraestructura, una tecnología que facilite entrada o cambie la estructura de mercado podría presionar márgenes por entre USD 100.000 y USD 200.000 millones anuales.
Ahora bien, la investigación aclara que una mejora tecnológica no garantiza por sí sola menores precios para el usuario final: para que eso ocurra, también debe cambiar la estructura competitiva del mercado.
La segunda gran parte del análisis se concentra en las transacciones que a día de hoy todavía no ocurren. Aquí los autores usan un marco de teoría de juegos para mostrar que muchas operaciones mutuamente beneficiosas no se realizan porque el daño potencial de un fraude supera ampliamente el pequeño excedente que genera la transacción. Su ejemplo es muy intuitivo: una operación de 100 dólares que genera apenas 5 dólares de valor para cada parte puede no suceder si existe el riesgo de que una de las contrapartes se quede con el dinero y sea demasiado costoso recuperarlo por la vía legal.
En ese contexto, una mejor estructura de datos podría ampliar la confianza de tres formas: i) hacer técnicamente más difícil hacer trampa (por ejemplo, a través de la liquidación atómica); ii) facilitar que el sistema legal sancione a quien incumple gracias a evidencia más clara; y, iii) fortalecer los mecanismos reputacionales que permitan construir y perder confianza de manera más visible. El punto de fondo es que el valor potencial estaría en esa “cola larga” de transacciones pequeñas, de baja frecuencia o entre contrapartes que no interactúan lo suficiente como para sostener confianza por repetición.
Al aplicar este marco a las stablecoins, los autores distinguen entre las que hoy predominan en el mercado y las que podrían tener un uso más claro en finanzas tradicionales. Señalan que las stablecoins actuales, mantienen limitaciones para usos financieros sistémicos porque dependen de un esquema de validación descentralizado y anónimo. En cambio, las stablecoins que aprovechen la infraestructura blockchain, pero operen dentro de un marco de reglas legales, supervisión e identidades verificables, podrían ofrecer un aporte más concreto. Según el documento, ese aporte no estaría tanto en abaratar pagos domésticos, que ya funcionan de forma relativamente eficiente, sino en presionar las rentas de intermediación, introducir más competencia frente a actores establecidos y habilitar micropagos o transacciones programables que hoy no resultan viables. En esa línea, se concluye que el potencial del blockchain para las finanzas tradicionales no radica en reemplazar la confianza institucional, sino en modernizar la infraestructura sobre la que esa confianza opera.
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