En conferencias y paneles por todo el mundo, todavía es muy común escuchar sobre la adopción de stablecoins en Latinoamérica explicada como una simple escapatoria frente a la inflación o como la mejora de “3 días a 3 minutos” en los tiempos de liquidación, lo que muchos llaman el “stablecoin sandwich”.
Y aunque esta narrativa sigue siendo válida en ciertos contextos, especialmente a nivel retail, a nivel institucional ya se está quedando atrás.
El uso de stablecoins está evolucionando rápidamente hacia algo mucho más estructural: una capa que le da a la empresa el control de conectar las distintas funciones financieras de su negocio (pagos, tesorería, máxima seguridad, cumplimiento, liquidez, inversión) sobre la infraestructura del blockchain. Desde usar a un tercero que les mueva sus fondos a empresas rápidamente a un coste de según qué puntos básicos, a poder tener control de esos márgenes y herramientas, operando con los stablecoins directamente desde la raíz.
Este cambio es lo que en Utila solemos llamar Stablecoin 2.0 y estamos construyendo la infraestructura para hacerlo posible.
El punto de fricción: cuando escalar se vuelve complejo
A medida que el volumen crece y los casos de uso se multiplican, muchas empresas empiezan a encontrarse con el problema de que lo que inicialmente era eficiencia, se convierte en complejidad.
Operar con stablecoins a escala implica gestionar múltiples wallets, diferentes redes blockchain, herramientas de cumplimiento, contrapartes diversas y procesos que, en muchos casos, siguen siendo manuales. La falta de estandarización introduce fricción en la operativa diaria, especialmente en áreas como la conciliación, el control interno o el cumplimiento normativo.
Además, el riesgo operativo aumenta. No solo por errores humanos, como direcciones incorrectas o procesos mal ejecutados, sino también por la dificultad de mantener control y visibilidad sobre todos los flujos.
En este punto, muchas organizaciones se dan cuenta de que el problema ya no es tecnológico. Es estructural.
Stablecoins 2.0: controlar el stack, no solo usarlo
La evolución hacia Stablecoins 2.0 responde precisamente a este desafío.
La diferencia fundamental está en el enfoque. No se trata simplemente de utilizar stablecoins como medio de pago, sino de construir una capa de control sobre toda la infraestructura que las soporta.
Esto implica tres pilares clave:
1. Control de flujos
Capacidad de definir cómo se mueve el dinero:
- Límites por transacción
- Aprobaciones multi-nivel
- Automatización de pagos
2. Control de contrapartes
Reducir fricción y riesgo en las relaciones operativas:
- Conexión con partners verificados
- Eliminación de errores en direcciones
3. Control de márgenes
Optimizar el impacto económico real:
- Reducción de costos de gas
- Optimización de liquidez
- Menos intermediarios
Un caso especialmente relevante para Colombia
El contexto colombiano hace que esta transición sea particularmente relevante.
La economía del país está profundamente conectada con flujos internacionales. Importaciones, exportaciones, servicios globales y estructuras de trabajo distribuidas generan una demanda constante de movimientos de capital entre distintas jurisdicciones. A esto se suma un ecosistema fintech en crecimiento, con empresas cada vez más sofisticadas y competitivas.
En este entorno, la presión por optimizar costos, reducir tiempos de liquidación y mejorar la experiencia operativa es cada vez mayor.
Las stablecoins ofrecen una solución evidente, pero solo aquellas empresas que sean capaces de operarlas con ellas de forma eficiente y controlada podrán capturar realmente su valor.
De herramientas aisladas a plataformas integradas
Este cambio también está transformando las soluciones que utilizan las empresas. Lo que antes se resolvía con wallets, exchanges e integraciones puntuales está dando paso a plataformas integradas como Utila, que permiten gestionar toda la operativa desde un único entorno.
Al unificar custodia, ejecución, automatización y cumplimiento, estas soluciones no solo mejoran la eficiencia, sino que permiten escalar con control.
Más allá de mover dinero más rápido, el verdadero potencial de las stablecoins está en hacer el dinero programable: habilitando flujos automáticos, integraciones directas con sistemas internos y nuevos modelos operativos.
En última instancia, no se trata solo de pagos. Se trata de redefinir cómo funciona el dinero dentro de una organización.
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