El World Development Report 2026 cataloga a la inteligencia artificial (IA) como una tecnología de propósito general, ubicándola en la misma categoría histórica que la máquina de vapor, la electricidad y el internet. Sin embargo, su patrón de difusión se mueve en una línea de tiempo mucho más rápida: mientras la máquina de vapor tardó unos 80 años en llegar a los países de menores ingresos, los países de ingresos medios representaron la mitad del tráfico global de ChatGPT en tan solo seis meses desde su lanzamiento. Esta rápida asimilación representa una oportunidad sin precedentes para que las economías en desarrollo superen deficiencias estructurales, solucionando la escasez crítica de médicos para diagnosticar enfermedades, especialistas para escalar negocios, expertos agrícolas y funcionarios públicos calificados.
El impacto de la IA como herramienta de desarrollo está condicionado por tres factores interconectados: las capacidades que mejora, la concentración de su producción y los complementos de los que depende. En cuanto a capacidades, la IA asume tareas cognitivas y de toma de decisiones, complementando a los trabajadores en lugar de desplazarlos, dado que en los países en desarrollo prevalece el trabajo manual y existe un déficit de habilidades cognitivas. Respecto a la concentración, el control de la cadena de valor (materias primas, chips avanzados y centros de datos) por unas pocas empresas líderes genera riesgos de dependencia, pero simultáneamente permite a los países personalizar modelos sin tener que invertir miles de millones de dólares creándolos desde cero. No obstante, el éxito de la IA requiere complementos esenciales: infraestructura eléctrica y digital confiable, sistemas educativos sólidos, instituciones fuertes y datos de entrenamiento en lenguajes locales. Sin estos habilitadores, los beneficios se retrasarán, la brecha de productividad frente a las economías avanzadas se ampliará y aumentarán los riesgos derivados de sesgos perjudiciales o ataques cibernéticos.
Para capturar el valor real de la tecnología, el reporte propone a los países en desarrollo ser estratégicos mediante tres vías de acción: adoptar, adaptar y avanzar. Adoptar herramientas existentes es un buen punto de partida para facilitar la labor de médicos, agricultores y empresas, pero sus beneficios absolutos dependen de fundaciones sólidas como electricidad continua y conectividad de alta velocidad. Por su parte, la mayor generación de valor y el equilibrio adecuado provienen de adaptar las soluciones a las condiciones locales. Por ejemplo, un modelo médico entrenado en un país de ingresos altos puede arrojar recomendaciones desalineadas con las normas locales si no se calibra adecuadamente. Finalmente, avanzar (es decir, construir modelos de frontera e infraestructura computacional de gran escala) es el camino más complejo y costoso, reservado en el corto plazo para un grupo muy reducido de países con recursos suficientes.
En línea con lo anterior, el documento exige un enfoque pragmático donde los gobiernos, en conjunto con los mercados, asuman un triple rol: facilitadores, usuarios y reguladores. Como facilitadores, estos deben establecer los complementos analógicos y digitales, ampliando el acceso a infraestructura de computación, consolidando recursos de datos compartidos y fomentando un entorno de negocios donde los desarrolladores puedan levantar capital. En su rol de usuarios, deben apalancar su poder de compra pública para probar, evaluar y expandir soluciones que demuestren ser efectivas en servicios críticos como la extensión agrícola, la atención médica y la educación. Por último, como reguladores, se recomienda iniciar con estándares voluntarios de la industria para evaluaciones de impacto y auditorías independientes, utilizando las leyes vigentes para abordar riesgos inmediatos y cooperando a nivel internacional para desarrollar reglas adaptables que no creen barreras innecesarias.
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