El Banco de la República advierte que, pese a la volatilidad de 2026, el sistema financiero mantiene un riesgo de mercado controlado
El Banco de la República publicó el Informe Especial de Riesgo de Mercado de septiembre de 2026, en el que evalúa la exposición de los establecimientos de crédito (EC) y de las instituciones financieras no bancarias (IFNB) a pérdidas por movimientos adversos en los precios de sus inversiones. Entre abril y mayo, la curva de TES registró desvalorizaciones concentradas en el tramo largo, asociadas a sorpresas de política monetaria, datos de inflación superiores a los proyectados, cambios en la estrategia de colocación de deuda y la incertidumbre electoral, en medio de un deterioro de la liquidez. Desde junio, la menor percepción de riesgo soberano tras los resultados electorales y la expectativa de consolidación fiscal impulsaron una recuperación: pese al aumento de 75 puntos básicos (pb) en la tasa de intervención, los TES en pesos y en UVR cerraron agosto con valorizaciones de alrededor de 150 y 90 pb, respectivamente. El MSCI Colcap siguió una trayectoria similar, con una recuperación liderada por los sectores energético y financiero.
En cuanto a la estructura del mercado, las administradoras de fondos de pensiones (AFP) concentran cerca del 30% del saldo de TES, seguidas por los inversionistas extranjeros y los bancos. Los no residentes llevaron su posición compradora en el mercado de forwards de cumplimiento financiero (NDF) a máximos históricos, por encima de los COP 50 billones, y los bancos, su principal contraparte, cubren esa exposición comprando TES de contado, con adquisiciones por más de COP 20 billones en lo corrido del año. El informe advierte que esta configuración es una fuente de vulnerabilidad, agravada porque un solo agente acumula más del 25% de las posiciones: si los extranjeros no renovaran sus contratos, una liquidación desordenada podría presionar los precios. Además, el índice de transmisión de volatilidad muestra que la deuda pública fue un generador neto de volatilidad, con la deuda privada como principal receptor y el mercado accionario en menor medida.
Por el lado de los portafolios, cerca del 45% de las inversiones del sistema está en deuda pública, y la mayor parte de la exposición se ubica en posiciones administradas por cuenta de terceros, de modo que las variaciones de precios recaen principalmente sobre el ahorro de hogares y empresas. Las fiduciarias y las AFP concentran sus portafolios administrados en TES, las comisionistas de bolsa en acciones, y la posición propia de los bancos es la más diversificada y la única con una posición neta vendedora en NDF, cuyo saldo se duplicó en un año. Esto se refleja en la duración: los EC mantienen la exposición más baja a cambios en tasas, mientras que los fondos administrados por las AFP registran la más alta. Con el desplazamiento de la curva entre el 30 de abril y el 21 de mayo, un portafolio con esa duración habría perdido cerca del 5,8% de su valor en el tramo expuesto, frente a cerca del 1% de un portafolio bancario típico.
Las medidas de Valor en Riesgo (VaR) al 95% y de Valor en Riesgo Condicional (CVaR) confirman este diagnóstico. El VaR de los EC se ha mantenido por debajo del 0,5% del portafolio en los últimos dos años, frente a un rango de entre 1% y 1,5% en las IFNB, con periodos por encima del 2%. La brecha supera la que explicaría la duración, porque el VaR incorpora la volatilidad de los factores de riesgo, como la de las acciones o la del tramo largo de la curva. En los bancos, la cobertura con NDF contiene el VaR, aunque el informe precisa que es imperfecta por el riesgo de base, que transforma el riesgo de mercado en riesgo de contraparte y que traslada la exposición a inversionistas extranjeros cuya salida la devolvería a las entidades locales. Por su parte, el CVaR se ubica cerca del doble del VaR y la brecha se amplía en episodios de tensión, lo que evidencia colas de pérdida pesadas y lo convierte en un indicador de alerta temprana más informativo.
En conclusión, el informe señala que, aunque los riesgos coyunturales se han moderado y los indicadores de riesgo convergen hacia niveles estables, persisten vulnerabilidades estructurales asociadas a la sensibilidad de la deuda pública a factores fiscales, políticos, inflacionarios y geopolíticos, y a la concentración de posiciones de extranjeros en NDF y de tenencias de TES. Aun así, el sistema conserva amplios niveles de capital y liquidez para absorber choques. Para el ecosistema fintech, estos resultados son relevantes porque la estabilidad del mercado de deuda pública incide en las condiciones de fondeo y en el costo del crédito, y porque la mayor sensibilidad se concentra en el ahorro de hogares y empresas, al que las plataformas digitales de inversión facilitan cada vez más el acceso. Un monitoreo transparente de estos riesgos contribuye a que la innovación en productos de ahorro e inversión avance con usuarios mejor informados sobre la volatilidad que asumen.
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