Revisitando la política industrial: opciones estratégicas para la actualidad – Panorama económico de América Latina y el Caribe

Comunicaciones CF
Banco Mundial April 9, 2026 | Lectura de 5 minutos

El nuevo Panorama económico de América Latina y el Caribe (ALC) del Banco Mundial entra en 2026 con un diagnóstico incómodo para la región: el crecimiento sigue siendo bajo y vuelve a ubicar a ALC entre las zonas más rezagadas del mundo. El reporte proyecta una expansión regional de 2,1% en 2026, por debajo del 2,4% de 2025, con consumo privado como principal motor, pero con inversión todavía contenida por la incertidumbre global y doméstica y por condiciones de financiamiento real aún restrictivas. En el caso de Colombia, el informe proyecta un crecimiento de 2,2% para 2026 y advierte que la inflación seguiría por encima de la meta del banco central durante el horizonte de proyección, lo que mantiene una política monetaria particularmente cautelosa.

Leído desde una agenda de digitalización e innovación, el mensaje más relevante del documento es que el problema de fondo de la región no se resuelve únicamente con “más Estado” o “más mercado”, sino con mayor capacidad para aprender, adoptar y explotar nuevas tecnologías. El Banco Mundial propone entender la política industrial, ante todo, como una “política de aprendizaje” y la organiza alrededor de cuatro agendas: 

  1. Desarrollar capacidades en todo el espectro del capital humano: Fortalecer talento, habilidades técnicas y capacidades gerenciales para adoptar nuevas tecnologías y elevar la productividad.
  2. Facilitar la experimentación y la toma de riesgos: Crear condiciones para que empresas puedan innovar, invertir y probar nuevos modelos sin que el riesgo frene el crecimiento.
  3. Aprovechar productivamente la apertura: Usar la integración comercial como palanca para ganar escala, aprender más rápido e incorporarse a cadenas de valor.
  4. Fortalecer al Estado: Mejorar la capacidad técnica e institucional del sector público para coordinar, ejecutar y sostener políticas de desarrollo. 

El punto central es potente: el desafío no es solo que la información exista, sino que empresas y gobiernos tengan la capacidad real para asimilar y traducir esta información en productividad, innovación y mejores empleos.

Ese argumento conecta de manera directa con el sector financiero. El Banco Mundial plantea que uno de los principales cuellos de botella de América Latina y el Caribe es la baja profundidad financiera. El crédito privado sigue siendo limitado frente a otras regiones, lo que restringe el emprendimiento, la expansión empresarial y el crecimiento liderado por el sector privado. Para el ecosistema fintech, esto implica que ampliar la inclusión no depende solo de abrir más cuentas o canales, sino de construir un sistema financiero más profundo y sofisticado.

A ese rezago se suma una debilidad estructural en capacidades. La región muestra brechas en formación científica, tecnológica y gerencial, así como una débil articulación entre universidades y sector productivo. Esto dificulta absorber tecnología, innovar y transformar apertura económica en nuevos procesos, productos y mercados. Por eso, el informe insiste en que la competencia y la integración comercial solo generan mayores ganancias cuando existen las condiciones habilitantes: talento, financiamiento e instituciones capaces de sostener la inversión y la toma de riesgos.

En ese marco, fortalecer al Estado también es parte de la agenda productiva. El uso estratégico de datos y mejores capacidades públicas puede ayudar a diagnosticar problemas, coordinar políticas y mejorar la gobernanza. Casos como Costa Rica (donde la atracción de inversión extranjera se apoyó en formación técnica, capacitación en inglés, ingeniería y coordinación entre empresas, universidades e instituciones públicas para pasar del ensamblaje a actividades más intensivas en conocimiento) muestran que la sofisticación productiva requiere articular inversión, capital humano e instituciones. Así, la persistencia de la informalidad recuerda que la inclusión financiera sigue condicionada por problemas más profundos de productividad, calidad del empleo y movilidad social.

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