El Reporte Anual 2025 de la Better Than Cash Alliance plantea un cambio de paradigma en el ecosistema financiero global: el éxito de la inclusión ya no se mide por la mera apertura de cuentas, sino por la transaccionalidad efectiva de los usuarios. Durante el último año, la iniciativa superó sus metas estratégicas al facilitar la activación de más de 5,6 millones de nuevas cuentas y respaldar la adopción de 46 políticas alineadas con los Principios de la ONU para Pagos Digitales Responsables. El documento subraya un avance estructural en términos de equidad, evidenciando que el 82% de los fondos de asesoría se invirtieron en iniciativas con intencionalidad de género.
A nivel regional, el desarrollo de pagos digitales en África se consolida como un habilitador para la implementación del comercio digital (AfCFTA), priorizando el acceso para MiPymes. La experiencia de Etiopía ilustra este avance: tras alcanzar 139 millones de cuentas móviles, el país lanzó su Estrategia Nacional de Pagos Digitales 2.0 para dinamizar el uso en sectores críticos. En el frente de salud, 450.000 etíopes accedieron a seguros digitales, mientras que en la agricultura, los caficultores movilizaron más de 150 millones de birr mediante canales formales. En paralelo, proyectos en Ghana y Malawi permitieron que más de 70.000 trabajadores de cacao y té recibieran pagos digitales por primera vez, mitigando los riesgos del efectivo y facilitando la construcción de un historial financiero.
En Asia, el reporte resalta la necesidad de consolidar la confianza en los pagos para microcomercios, un eje de discusión central en la ASEAN para robustecer los esquemas de protección al consumidor. Filipinas destaca en la región al lograr que el 57,4% de los pagos minoristas mensuales en 2024 fueran digitales, mientras que Pakistán avanza en la escalabilidad del sistema RAAST, abordando retos operativos como la prevención de fraude y la fijación de precios responsables.
Para América Latina, el informe dedica un espacio relevante a Colombia con el lanzamiento de Bre-B, documentada como una infraestructura pública interoperable transformadora que procesó más de 1,6 millones de transacciones en su primer día. En la misma región, Guatemala avanza en la digitalización de la cadena de valor del café para mitigar pérdidas anuales estimadas en 6,8 millones de dólares asociadas a la dependencia del efectivo, conectando a los pequeños productores con acceso a crédito y microseguros.
El documento concluye delineando la estrategia global 2026-2030, enfocada en escalar estas innovaciones. El mensaje central hacia los reguladores y actores del mercado es claro: los gobiernos deben liderar con el ejemplo digitalizando la totalidad de sus pagos, mientras que la industria debe priorizar infraestructuras públicas digitales interoperables que eliminen barreras sistémicas, asegurando que la tecnología se traduzca en resiliencia económica para los usuarios en la última milla.
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