Aprender a los 30 lo que se pudo aprender a los 13

Comunicaciones CF
TuBanc November 6, 2026 | Lectura de 5 minutos

Por María Alejandra Espinosa Montes, Public Policy & Impact Associate de Digital Initiatives Corp SAS-TuBanc

En el trabajo de inclusión financiera con conductores de plataformas, manicuristas y tenderos es frecuente encontrar personas de treinta o cuarenta años que nunca han tenido un crédito formal. Su historia financiera está hecha de préstamos gota a gota, del alquiler diario o semanal del vehículo con el que trabajan y de ahorros guardados en casa, y nada de eso aparece en las centrales de riesgo que consulta la banca tradicional. Cuando por fin acceden al sistema, aprenden a los 30 lo que pudieron aprender a los 13, como qué es un historial crediticio, cómo se calcula una cuota o qué cubre el seguro incluido en ella. En TuBanc financiamos los vehículos con los que estas personas trabajan, y ese es el perfil de muchos de nuestros clientes. Muchos usaron por primera vez el seguro incluido en su cuota el día en que alguien les explicó qué cubría. Mucho de lo que aprendieron ese día pudieron haberlo aprendido en el colegio.

Los datos de nuestra cartera muestran ese perfil. El 85% de nuestros clientes son migrantes, la mayoría tiene menos de 35 años y seis de cada diez trabajan en oficios independientes o de servicios distintos del reparto. No es una muestra del país, pero coincide en buena parte con los grupos que, según Colombia Fintech, el crédito digital busca incluir: jóvenes, trabajadores independientes, mujeres y población migrante (Colombia Fintech, 2025, pág. 73). Nuestros clientes tampoco son una excepción en el país. El 54,6% de los ocupados en Colombia trabaja en la informalidad (Departamento Administrativo Nacional de Estadística [DANE], 2026, párr. 1), y el acceso al crédito depende de dónde se viva: en 2025, el 61,6% de los adultos de Bogotá tenía crédito formal, pero solo el 11,1% en Chocó (Superintendencia Financiera de Colombia y Banca de las Oportunidades, 2026, sección Crédito).

Tener un producto no es usarlo

Colombia Fintech reconoce que buena parte de la inclusión financiera del país se queda en el papel. Según su hoja de ruta 2026-2030, el acceso a productos aumentó sobre todo por las billeteras digitales y los depósitos de bajo monto, pero muchas de esas cuentas se usan solo para recibir un pago y retirar el efectivo enseguida. En 2024, el crédito formal seguía estancado en el 35,5% de los adultos, y el vacío lo ocupa el gota a gota, con tasas que, según un estudio de ANIF y Colombia Fintech citado en la hoja de ruta, llegan hasta el 382,6% en los créditos a personas (Colombia Fintech, 2025, pág. 17). Entre los retos del crédito digital, el gremio incluye explícitamente las brechas de educación financiera (Colombia Fintech, 2025, pág. 73).

Para cerrar la distancia entre tener un producto y usarlo, la hoja de ruta propone una política pública de educación financiera para que las personas entiendan cuánto vale su información financiera y cómo pesa a la hora de pedir un crédito. Esa política incluiría campañas pedagógicas que muestren que pagar a tiempo los impuestos o las cuotas de un crédito ayuda a entrar al sistema financiero (Colombia Fintech, 2025, págs. 34-35). Es una propuesta pensada para adultos, y en TuBanc vemos que una campaña general les llega cuando ya tienen una forma de manejar el dinero construida por fuera del sistema financiero. Quien toma su primer crédito formal a los 30 años muchas veces ya pasó por el gota a gota. Para esas personas sirve más la explicación que llega con el crédito mismo, un papel de las fintech que se discute más adelante.

La pregunta, entonces, es si la educación financiera desde la etapa escolar puede ayudar a cerrar estas brechas. Nuestra hipótesis es que sí puede ayudar a cerrarlas, porque en esa etapa la escuela, la familia y los canales que usan a diario llegan a la mayoría de niños y jóvenes antes de que tomen sus primeras decisiones sobre ahorro, gasto, crédito y protección frente a riesgos. Esa contribución, sin embargo, depende de dos condiciones. La primera es que los contenidos partan de la realidad de quienes tienen ingresos informales o irregulares e incorporen el enfoque diferencial que el propio gremio plantea, para reconocer las barreras de las mujeres, de los migrantes y de las regiones con poca presencia de entidades formales. La segunda es que las fintech asuman un papel que la escuela no puede cumplir sola, que es acompañar a las personas en el momento en que toman su primer crédito.

Por qué empezar en el colegio

El primer argumento a favor es que los hábitos con el dinero se forman antes de la edad adulta. Según la Oficina de Protección Financiera del Consumidor de Estados Unidos, los hábitos se forman entre los 6 y los 12 años, y en esa etapa los niños aprenden sobre todo de lo que ven en la casa (Consumer Financial Protection Bureau [CFPB], 2016, págs. 21-22). En un hogar colombiano, eso puede ser ver a los padres pedir fiado en la tienda o apartar la plata del arriendo apenas les pagan. El conocimiento financiero y la capacidad de comparar opciones solo se vuelven útiles en la adolescencia (CFPB, 2016, pág. 25), así que cuando un joven toma su primer crédito, buena parte de su relación con el dinero ya está formada.

Si los niños aprenden solo en la casa, cada uno ve únicamente lo que su familia sabe. En la prueba de competencia financiera de PISA, que evalúa si los estudiantes de 15 años entienden conceptos como el interés o el riesgo y si saben usarlos para decidir, los de nivel socioeconómico alto superaron por 87 puntos a los de nivel bajo (OCDE, 2024, pág. 20). El dato no prueba qué pasaría con más educación en el aula, pero sugiere que, si la escuela no enseña estos temas, esa ventaja de origen puede mantenerse en la edad adulta y ampliar las brechas de inclusión. Colombia no sabe qué tan grande es esa diferencia hoy, porque solo participó en esta prueba en 2012, cuando obtuvo el puntaje más bajo entre los países evaluados (OCDE, 2014b, pág. 15).

El segundo argumento es que el país tiene desde hace años una base para enseñar finanzas en la escuela. La Ley 1450 de 2011 ordenó que el Ministerio de Educación incluyera la educación económica y financiera en los programas de competencias básicas (Ministerio de Educación Nacional, 2022, pág. 12). El Ministerio publicó después unas orientaciones pedagógicas que incluyen enseñar a proteger los recursos más importantes de la familia, como la casa o el vehículo de trabajo (Ministerio de Educación Nacional, 2022, págs. 30-34), y diseñó con Asobancaria y Fasecolda “Nueva Pangea”, una estrategia lúdica para trabajar estos temas en clase (Ministerio de Educación Nacional, 2022, pág. 7). Esa base, sin embargo, no asegura que la educación financiera llegue a los estudiantes. Las orientaciones la plantean como un proyecto transversal, de modo que cada colegio define cómo y con qué intensidad la integra (Ministerio de Educación Nacional, 2022, págs. 6 y 10), y Nueva Pangea se probó con 4.791 estudiantes (Ministerio de Educación Nacional, 2022, pág. 4), una escala pequeña para un país entero. Que el Congreso discuta ahora volver obligatoria la educación financiera escolar (Cámara de Representantes de Colombia, 2026, arts. 2 y 5) es una señal de que esa base no ha sido suficiente.

Para que lo que ya existe en la norma y en las orientaciones llegue de verdad a los estudiantes, la evidencia internacional sugiere apoyarse en dos actores que la escuela ya tiene. El primero son los docentes. En Perú, un programa que formó a profesores de 300 colegios públicos para incluir finanzas personales en sus clases mejoró el conocimiento de los estudiantes, y tres años después los egresados que habían tomado un crédito tenían una morosidad 20% menor que la de los egresados de colegios sin el programa (Frisancho, 2023, pág. 1147). Para las fintech de crédito e inclusión financiera, este es tal vez el resultado más importante de la literatura escolar, porque la puntualidad en los pagos es lo que medimos en cada cliente y de ella depende que podamos seguir prestando a personas que la banca tradicional no atiende.

El segundo actor son las familias, a las que la escuela llega a través de los estudiantes. Según PISA 2022, quienes conversan con sus padres cada semana o cada mes sobre sus decisiones de gasto tienen mejores resultados en competencia financiera (OCDE, 2024, pág. 21). Esa conversación funciona en las dos direcciones. Un estudiante que aprende en clase qué es una central de riesgo puede explicarle a su madre por qué le conviene que la cuota de su moto quede registrada, y una madre que paga un crédito formal puede mostrarle a su hijo cómo se calcula esa cuota.

Saber no basta

La principal objeción es que saber de finanzas no basta para manejar mejor el dinero. Kaiser y Menkhoff reunieron 37 estudios sobre programas de educación financiera en colegios y encontraron que mejoran bastante lo que los estudiantes saben, pero que el efecto sobre lo que hacen con su dinero es casi cinco veces menor. También encontraron que los programas más intensos funcionan mejor (Kaiser & Menkhoff, 2020).

En Colombia se vio algo parecido. El programa Finanzas para el Cambio, del Banco de la República con la Fundación Citibank y Dividendo por Colombia, capacitaba a docentes de noveno y décimo grado en una jornada de un día por semestre y les entregaba material para enseñar presupuesto, ahorro y crédito en sus clases (García Bohórquez, 2011, pág. 13). Su evaluación comparó a 1.518 estudiantes con otros de características parecidas. Quienes participaron sabían más, aunque no pasaron del 60% de respuestas correctas, y sus habilidades y actitudes para usar ese conocimiento no mejoraron de forma significativa (García Bohórquez, 2011, pág. 37).

Fernandes, Lynch y Netemeyer reunieron 168 artículos y encontraron que los programas de educación financiera explican apenas el 0,1% de las diferencias en la forma como las personas ahorran, gastan o se endeudan. El efecto es aún menor en población de bajos ingresos y casi desaparece 20 meses después. Por eso proponen una educación financiera “justo a tiempo”, entregada cuando la persona está por tomar una decisión concreta (Fernandes et al., 2014, pág. 1861).

Estos hallazgos obligan a ajustar el argumento, pero no lo anulan. Los estudios revisados evalúan sobre todo programas cortos y miden su efecto meses o pocos años después. Ninguno permite saber todavía si una formación sostenida durante la etapa en que se forman los hábitos cambia la conducta adulta. El caso de Perú sugiere que puede hacerlo, porque sus egresados pagaron mejor sus créditos tres años después de graduarse. A diferencia de Finanzas para el Cambio, que capacitaba a los docentes un día por semestre, el programa peruano los formó para incluir las finanzas personales en sus clases, lo que coincide con el hallazgo de Kaiser y Menkhoff de que los programas más intensos funcionan mejor.

Una explicación posible de por qué saber no basta está en el contenido. Buena parte de los programas enseña a administrar un ingreso fijo, con presupuestos mensuales o ahorro programado, cuando más de la mitad de quienes trabajan en el país vive de ingresos informales o irregulares. En TuBanc vemos esa irregularidad al evaluar cada solicitud. Los ingresos de un repartidor llegan por día o por semana y cambian según la demanda de las plataformas, y la cuota tiene que caber en ese flujo. Por eso dividimos la cuota mensual en pagos semanales o quincenales. Para un estudiante cuya familia atiende una tienda o conduce para una plataforma, un presupuesto mensual describe una vida que no reconoce. Llevar esa realidad al aula supone enseñar a manejar ingresos que cambian a diario, a separar el dinero del trabajo del de la casa y a entender que cada pago a tiempo deja un registro que abre o cierra el acceso al crédito, que es lo mismo que Colombia Fintech propone enseñar a los adultos. Ningún estudio citado aquí prueba todavía que ese cambio de contenido funcione, y medirlo debería ser parte de cualquier programa que lo intente.

Lo que la escuela no alcanza y las fintech sí

Una segunda objeción a la educación financiera escolar, además de que saber no basta, es que volverla obligatoria no garantiza resultados. Kaiser y Menkhoff revisaron 126 evaluaciones de impacto de programas de educación financiera para niños y adultos, es decir, estudios que comparan a quienes recibieron un programa con quienes no lo recibieron, y encontraron que los programas obligatorios parecen funcionar peor y que el efecto es mayor cuando la educación llega en el momento de tomar una decisión (Kaiser & Menkhoff, 2017, pág. 611). En esto coinciden con la propuesta de educación justo a tiempo de Fernandes y sus coautores. El colegio y el refuerzo posterior, entonces, se complementan. En el colegio se forman los hábitos y los conceptos básicos, sin los cuales es difícil entender una explicación sobre crédito o centrales de riesgo, y el refuerzo los activa cuando llega la decisión. Ese refuerzo es un papel que las fintech podemos cumplir.

Para una fintech de crédito, el momento de decidir es la firma del crédito y los meses en que se paga. En TuBanc queremos que nuestros clientes aparezcan en los burós de crédito y que, con cada cuota que paguen, construyan una vida crediticia que antes no tenían. Para muchos es la primera vez que alguien les explica que ese registro existe, que lo pueden consultar y que les servirá para pedir otro crédito en mejores condiciones. También es el momento de explicar qué cubren los seguros incluidos en la cuota y qué hacer si el vehículo sufre un accidente. Para eso tenemos una guía que les explica a nuestros clientes, entre otras cosas, cómo se compone la cuota, para qué sirven los seguros, qué es la prenda sobre el vehículo y qué pasa con su historial si se atrasan. La guía también les explica que el pago puntual se reconoce dentro y fuera de TuBanc. Dentro de TuBanc, nos ayuda a medir si el cliente puede acceder a un nuevo crédito en mejores condiciones. Fuera, en Bogotá, Buena Paga, el programa de la Secretaría de Desarrollo Económico, ofrece a pequeños negocios orientación y educación financiera, junto con incentivos para quienes pagan bien sus créditos (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2026, párrs. 2-10), y TuBanc es una de las entidades que se adhirieron a él.

Las conversaciones de WhatsApp con los clientes, que registramos en nuestro seguimiento interno, lo muestran a diario. En octubre, un repartidor preguntó antes de solicitar el crédito si podía pagar por semanas, porque así le llegan los ingresos, y varios clientes preguntaron si servían soportes de pagos en efectivo, porque casi no usan el banco y su trabajo no deja rastro en ningún sistema. Otro cliente escribió para preguntar por qué le había cambiado la cuota. Cuando le explicamos que el aumento venía de la renovación de la póliza del seguro incluido en el crédito, quedó conforme. Esa explicación, dada en el momento en que surgió la duda, es educación justo a tiempo.

Con los seguros comprobamos el valor de esa explicación. Cada crédito incluye una póliza todo riesgo, una de vida, una de pérdida de ingresos y una fianza, pero al principio los clientes pagaban la póliza todo riesgo sin saber qué cubría ni cómo usarla. Cuando la aseguradora empezó a contactar a cada cliente para explicarle qué tenía, qué podía reclamar y cómo hacerlo, los clientes empezaron a usarla. Según nuestros registros, desde entonces cerca del 20% la ha utilizado por pequeños accidentes o pérdida de accesorios. El caso más duro fue el de un cliente joven que falleció. Su familia se acercó a TuBanc para ver cómo terminar de pagar el crédito, y solo ahí se enteró de que tenía un seguro de vida que cubría el saldo. Esa familia conoció el seguro después de la pérdida, cuando la explicación habría servido desde el día de la firma.

Ese papel tiene un límite claro. La OCDE recomienda que la educación financiera que ofrecen las entidades privadas se mantenga separada de la venta de sus productos (OCDE, 2014a, págs. 10-11). Explicar cómo funciona el crédito que el cliente ya tomó cabe dentro de esa recomendación, mientras que usar la clase para colocar otro producto la incumple. La ley obliga a las entidades vigiladas por la Superintendencia Financiera a educar a sus clientes (Congreso de la República de Colombia, 2009, art. 7, lit. t). TuBanc no está vigilado por la Superintendencia Financiera, así que esa obligación no nos cobija. Aun así, explicamos el crédito a cada cliente, y una explicación clara también protege la cartera.

Las fintech también tenemos los canales, y la evidencia muestra que la educación financiera funciona mejor cuando llega por los medios que la gente ya usa. En Sudáfrica, quienes vieron una historia sobre deudas incluida en Scandal!, una telenovela popular, apostaron menos y compraron menos a plazos (Berg & Zia, 2017, pág. 1025). En el Reino Unido, el regulador financiero llevó a TikTok, con influenciadores, su campaña para inversionistas jóvenes, después de encontrar que muchos de ellos decidían por lo que veían en redes sociales (Financial Conduct Authority, 2022, párrs. 3, 5, 7 y 10).

En TuBanc hablamos con nuestros clientes por WhatsApp y les contamos cómo funciona el crédito en TikTok e Instagram, y esas conversaciones también llegan a sus familias. Por esos canales, los padres que son nuestros clientes pueden reforzar lo que sus hijos aprenden en el colegio.

El gremio ya ha probado este camino. En 2022, Colombia Fintech, el SENA y Buda.com lanzaron Billetecs por Colombia, con talleres para aprendices y trabajadores del SENA sobre pagos digitales, crédito digital y otros temas (Valora Analitik, 2022, párrs. 5-8). No hay información pública sobre sus resultados, y medirlos es la misma tarea pendiente de la educación financiera escolar. El paso siguiente sería llevar esos contenidos a los colegios, con docentes formados, materiales construidos a partir de las finanzas reales de las familias y una evaluación desde el inicio.

Llegar a tiempo

La educación financiera desde la etapa escolar puede ayudar a cerrar las brechas de inclusión, siempre que cambie lo que se enseña y que las fintech la refuercen cuando las personas toman su primer crédito. Volver obligatoria la educación financiera escolar, en cambio, no es suficiente.

El proyecto de ley 067 de 2026, que propone esa obligatoriedad desde preescolar hasta grado once (Cámara de Representantes de Colombia, 2026, arts. 2 y 5), atiende por eso la parte más sencilla del problema, pues la base legal existe desde 2011. Más útil sería volver a medir con la prueba financiera de PISA y cambiar lo que se enseña. Las finanzas reales del hogar pueden convertirse en material de clase, con tareas como calcular con la familia cuánto cuesta un préstamo gota a gota frente a uno formal, revisar qué seguros paga el hogar y qué cubren o leer juntos el reporte de una central de riesgo. Esas tareas tendrían que tener en cuenta la situación de las mujeres y de los migrantes, y la de cada región. La propuesta de Colombia Fintech de enseñar el valor de los datos financieros y del pago puntual ganaría alcance si empieza en el colegio y no solo en campañas para adultos. Las fintech podemos aportar a ese esfuerzo lo que hemos aprendido con clientes que nunca habían usado el sistema financiero, en temas como el crédito digital y el historial crediticio, además de la educación que damos a nuestros clientes en el momento del crédito.

Queda abierta una pregunta, la de si lo que un estudiante aprende en la escuela llega también a su casa. Para saberlo habría que medir, antes y después de los programas, cómo usan esos hogares el sistema financiero formal, en especial el crédito y los seguros, y si dejan de recurrir al gota a gota. Las fintech registramos el comportamiento de pago de nuestros clientes y podríamos aportar a esa medición con datos anonimizados. Si la respuesta es afirmativa, la educación financiera escolar ayudaría a que los jóvenes de hoy no tengan que aprender a los 30 lo que pudieron aprender a los 13, y de paso llegaría a sus padres, que hoy son nuestros clientes.


Referencias

  • Alcaldía Mayor de Bogotá. (2026, 19 de octubre). Buena Paga: así puede acceder a financiación para impulsar su negocio. https://bogota.gov.co/mi-ciudad/desarrollo-economico/2026-10/buena-paga-asi-puede-acceder-financiacion-para-impulsar-su-negocio
  • Berg, G., & Zia, B. (2017). Harnessing emotional connections to improve financial decisions: Evaluating the impact of financial education in mainstream media. Journal of the European Economic Association, 15(5), 1025-1055. https://doi.org/10.1093/jeea/jvw021
  • Cámara de Representantes de Colombia. (2026, 4 de agosto). Proyecto de Ley 067 de 2026 Cámara, por medio de la cual se establece el Programa Nacional de Educación Económica y Financiera en la Educación Formal y se dictan otras disposiciones. Gaceta del Congreso 918. https://apicongresovisible.uniandes.edu.co/uploads/proyecto-ley/15503/918/26.pdf
  • Colombia Fintech. (2025). Colombia Fintech 2026-2030. Hoja de ruta para un sistema financiero incluyente, competitivo e innovador (documento resumido). Colombia Fintech. https://inteligenciaestrategica.com.co/wp-content/uploads/2025/09/Documento-resumido_Colombia-Fintech-2026-2030.pdf
  • Congreso de la República de Colombia. (2009, 15 de julio). Ley 1328 de 2009, por la cual se dictan normas en materia financiera, de seguros, del mercado de valores y otras disposiciones. Diario Oficial No. 47.411. http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley_1328_2009.html
  • Consumer Financial Protection Bureau. (2016). Building blocks to help youth achieve financial capability: A new model and recommendations. https://files.consumerfinance.gov/f/documents/092016_cfpb_BuildingBlocksReport_ModelAndRecommendations_web.pdf
  • Departamento Administrativo Nacional de Estadística. (2026, septiembre). Empleo informal y seguridad social: trimestre móvil mayo-julio 2026. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/empleo-informal-y-seguridad-social
  • Fernandes, D., Lynch, J. G., Jr., & Netemeyer, R. G. (2014). Financial literacy, financial education, and downstream financial behaviors. Management Science, 60(8), 1861-1883. https://doi.org/10.1287/mnsc.2013.1849
  • Financial Conduct Authority. (2022, 28 de abril). The FCA – TikTok’s newest star? How our new campaign, InvestSmart, is helping young investors. Association of British Insurers. https://www.abi.org.uk/news/blog-articles/2022/04/the-fca-tiktoks-newest-star/
  • Frisancho, V. (2023). Is school-based financial education effective? Immediate and long-lasting impacts on high school students. The Economic Journal, 133(651), 1147-1180. https://doi.org/10.1093/ej/ueac084
  • García Bohórquez, N. (2011). El impacto de la educación económica y financiera en los jóvenes: el caso de Finanzas para el Cambio. Banco de la República. https://www.banrep.gov.co/es/node/27951
  • Kaiser, T., & Menkhoff, L. (2017). Does financial education impact financial literacy and financial behavior, and if so, when? The World Bank Economic Review, 31(3), 611-630. https://doi.org/10.1093/wber/lhx018
  • Kaiser, T., & Menkhoff, L. (2020). Financial education in schools: A meta-analysis of experimental studies. Economics of Education Review, 78, 101930. https://doi.org/10.1016/j.econedurev.2019.101930
  • Ministerio de Educación Nacional. (2022). Mi plan, mi vida y mi futuro: Orientaciones pedagógicas para la educación económica y financiera. Perspectiva de gestión del riesgo y recursos (Versión 4). Ministerio de Educación Nacional, Asobancaria y Fasecolda. https://www.mineducacion.gov.co/1780/articles-340033_Orientaciones_Edu_economica_financiera_vfinal.pdf
  • OCDE. (2014a). OECD/INFE Guidelines for private and not-for-profit stakeholders in financial education. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/3b197c5a-en
  • OCDE. (2014b). PISA 2012 Results: Students and money. Financial literacy skills for the 21st century (Volume VI). OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/9789264208094-en
  • OCDE. (2024). PISA 2022 Results (Volume IV): How financially smart are students? OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/5a849c2a-en
  • Superintendencia Financiera de Colombia y Banca de las Oportunidades. (2026, 24 de agosto). Reporte de Inclusión Financiera 2025: avances en depósitos, crédito, cobertura y transacciones. https://www.superfinanciera.gov.co/publicaciones/10116222/reporte-de-inclusion-financiera-2025-avances-en-depositos-credito-cobertura-y-transacciones/
  • Valora Analitik. (2022, 7 de noviembre). Colombia Fintech, SENA y Buda.com, se unen para trabajar por la educación financiera. https://www.valoraanalitik.com/?p=210742

Las opiniones compartidas y expresadas por los analistas son libres e independientes, y de ellas son responsables sus autores. No reflejan ni comprometen el pensamiento u opinión de Colombia Fintech, por lo cual no pueden ser interpretadas como recomendaciones emitidas por la Asociación. Esta plataforma es un espacio abierto para promover la diversidad de puntos de vista sobre el ecosistema Fintech.